Hace unos años descubrí algo que no sabía de mí misma. En la época de la pandemia, no extrañaba tanto salir, ir al parque con mis perros era la salida más importante y para mí era suficiente. No extrañaba mucho los conciertos con la orquesta. Podía tocar el contrabajo en casa, estudiar en casa — me encanta estudiar, así que era suficiente. Pero sin mis alumnos, sin poder explicar nada a nadie, lo estaba pasando realmente mal.
Recuerdo que en esa época le enseñé lo básico de piano a mi pareja. No porque él quisiera aprender — sino porque yo necesitaba enseñar, algo, ¡lo que sea! Es mi naturaleza. Siempre ha sido, y allí pude verlo con claridad.
Cuando volvieron las clases, pero en formato online, yo lo llevé más lejos. Decidí grabar videos no solo para mis alumnos sino ponerme el reto de explicarlo en tan solo un minuto, para compartirlo en Instagram (era el boom de las redes sociales). Empecé a publicar y llegaron alumnos de todas partes: México, EEUU, Italia, inclusive me conecté con chicos de África. Me di cuenta de que, sin haberlo planeado, había construido una academia online.
Un año después lo hice formal, creé mi página web para contrabajistas, y hoy tengo estudiantes en todo el mundo. Estos videos fueron parte de ese inicio.
Hoy sigo grabándolos, pero los comparto cada semana en Contrabajo en la Ciudad, el newsletter.
Cada domingo en tu bandeja de entrada: historias para mantenerte motivado, ejercicios tecnicos y esos momentos detrás de escena que a todos nos pasan. No importa si estás volviendo de una pausa o cambiando de jazz a clásico. Este instrumento no discrimina por edad ni talento.
Tú también lo puedes lograr.